Comida Mexicana en Huesca

Carta 100% sin gluten
Hecha con mucho amor ❤️

Sobre los pedidos y reservas:

1

Si quieres pedir comida a domicilio o para llevar escríbenos por WhatsApp desde este botón:

Aceptamos pedidos de Martes a Sábado a partir de las 12h y hasta las 18.30h. Así te podemos asegurar una hora de entrega y preparar todo en el momento.

2

Si quieres reservar un sitio para comer o cenar en el local, lo hacemos por teléfono. Llámanos:

Abrimos de Martes a Sábado para comidas y cenas

3

Nuestro local es pequeño y acogedor, te recomendamos hacer tu reserva con antelación.
Por las medidas sanitarias el máximo de personas son 7.

Lo que dicen nuestros #villacompis

Déjanos una reseña en Trip Advisor

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

"Por fin comida mejicana de verdad!!! 😄 Totopos auténticos, sensacional cochinita pibil, unos tacos brutales!! Para los que no toleran el picante, siempre lo ponen aparte. Chelas, micheladas.... que no falte de na!!!!!! Bravísimo Café Villa Campa"


Toño Claver

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

"Impresionante!!!!! Es una de las cosas que le faltaba a esta ciudad!!!! Nos ha encantado !!! Volveremos !!!"


Lourdes Palacin

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

"Excelente comida, los tacos con auténtico sabor mexicano, Paulina y Edgar excelentes anfitriones, un motivo para volver a Huesca.."


Alejandro Santomé

Conoce más sobre nosotros

La historia de un sueño

Los ingredientes que usamos a diario. Llevamos México en la piel

Tortillas

Los totopos tradicionales provienen de las culturas prehispánicas, específicamente del nombre de la acción totopochtli, que en náhuatl significa dorar o tostar.

Café Villa Campa
Café Villa Campa

Nopales

Los totopos tradicionales provienen de las culturas prehispánicas, específicamente del nombre de la acción totopochtli, que en náhuatl significa dorar o tostar.

Totopos

Los totopos tradicionales provienen de las culturas prehispánicas, específicamente del nombre de la acción totopochtli, que en náhuatl significa dorar o tostar.

Café Villa Campa

Nuestra historia

La historia de una pareja y un niño que se embarcan en una aventura sin fin.

Cuando nace nuestro pequeño, la vida nos da un vuelco, ¡pero de qué manera!, la gente te dice que un hijo te cambia, nosotros creemos que lo que nos ha hecho es transformarnos, nos ha dado un plus de valentía y locura que nos hacía falta para emprender. Y aquí estamos, con los bolsillo llenos de besitos, como dice el cuento favorito de Ian, las pilas cargadas y el cuerpo repleto de ilusiones.

Aunque como en todas las historias, también hay una parte triste, justo esa parte, que te rompe todos los planes y te deja “con el culo al aire”; ese punto en el que sin más, de un día para otro, todo se rompe, y te ves sin rumbo, sin planes y sin trabajo. Y te pasa de todo por la cabeza, te inundan todas las emociones a la vez, se te encoge el alma y solo tienes ganas de llorar y salir corriendo. Menos mal que ahí están ellos, nuestra red de contención, los que no nos han dejado caer, nos han apoyado y consolado en ese momento de incertidumbre, de miedo, de oscuridad.

Y giras la cabeza y ves esa carita con una sonrisa de oreja a oreja, y esos ojitos brillantes y pizpiretos; y te vuelven las ganas, y se te llenan las pilas, y empiezas a ver la luz al final del túnel, y las cosas buenas, y las oportunidades, y te acuerdas que hay algo por ahí, atesorado hace tiempo, creciendo como una semilla y te das cuenta que está lista para salir.

Y nos ponemos en marcha, pensando en las cosas que nos gusta encontrar en los sitios que frecuentamos, en las cosas buenas y que funcionan de los lugares en los que hemos tenido la fortuna de trabajar y siempre con un pensamiento crítico y flexible; que nos permita ver las cosas de manera objetiva y la posibilidad de hacer lo que se nos ocurra. Un trabajo interno importante, para crear cimientos fuertes.

Edgar Espierrez y Paulina Amieva


Buscamos y buscamos, un día estábamos por tirar la toalla, y de pronto… lo vimos, un lugar lleno de posibilidades, con el tamaño justo para poder atenderlo entre dos personas, no tardaron en salir los miedos, y las dudas y aquellos que nos preguntaban asombrados si estábamos hablando en serio cuando decíamos que ese era el lugar que queríamos, y fuimos fuertes, y perseverantes, y sobre todo valientes para seguir adelante con nuestro sueño.

Cabe aclarar, que no solo de amor vive el hombre, ni de ilusiones; aunque esto te hace fuerte, hay que trabajar, y mucho. El trabajo en hostelería es muy exigente, porque las personas somos muy exigentes, pero también es maravilloso y te da enormes satisfacciones. Y son esas alegrías las que nos tienen aquí, completamente enamorados de nuestro proyecto y poniendo lo mejor de nosotros.

Gracias Café Villa Campa por todas las alegrías que nos estás regalando, y por esos enfados que nos han unido aún más. Gracias a nuestros clientes por elegirnos y apostar por nosotros, gracias a nuestros amigos y familiares por apoyarnos y seguirnos. Y sobre todo gracias Ian, gracias Paulina y gracias Edgar por ser quien eres para que esto sea posible. Un enorme hurra por todos los que juntos, hacemos Café Villa Campa.